lunes, abril 22, 2019

El mayor éxito de los políticos

Parece increíble que hayamos podido llegar a pensar que, por echar un papel en una caja cada cuatro años, podemos tener alguna influencia en el gobierno de una nación. O de lo que sea.

Un papel en una caja. Cada cuatro años.

¡Qué gran trabajo han hecho, y siguen haciendo, con el lavado de cerebro!

¿Y cómo nos han hecho creer que algunos de ellos son de izquierdas? Eso no era fácil tampoco. Y lo lograron.

Sólo les faltó, para rematar la faena, hacernos creer que, además, ese gobierno de los papelicos y las cajas, es una democracia.

¿Cómo? ¿Que también nos hemos tragado eso?

Pues nada, un éxito total.

Para que luego digan que los políticos no saben hacer nada.



Lo llaman democracia, y nunca lo ha sido.

domingo, abril 21, 2019

Las elecciones, el opio del pueblo

En el siglo XIX era la religión. O eso decía Marx.
Hoy, en el siglo XXI, el opio del pueblo son las urnas.

Lo llaman democracia, y nunca lo ha sido.

sábado, febrero 16, 2019

No avanzamos

No, no avanzamos, no abrimos camino hacia ese mundo más justo que queremos, porque las plazas están vacías, y las urnas, llenas.

Lo llaman democracia, y nunca lo ha sido.

miércoles, diciembre 19, 2018

¡Cuidado! ¡Que viene el loVOX!

Érase una vez un pueblo que tenía mucho miedo, y con razón, del lobo. En una ocasión, al escuchar al pastor gritar ¡que viene el lobo!, todo el pueblo acudió corriendo a proteger el rebaño. Pero era una broma. El pastor repitió la broma varias veces, hasta que, un día, los vecinos no acudieron. Ese día el aviso era cierto, el lobo estaba allí de verdad, y mató a las ovejas.

Los vecinos fallaron, claro. Por dar crédito a un embaucador, por su ignorancia, actuaron cuando y donde no era necesario, y no actuaron cuando y donde era necesario actuar.
Y sufrieron las consecuencias.

Sabiduría presente en los cuentos infantiles... que muy pocos aprendieron, al parecer.



Se ha generado estos últimos tiempos mucho miedo ante la irrupción de VOX. Por todas partes hay voceros gritando ¡que viene el lobo!, casi todos, llamando al voto a UP. Y muchos les creen. Recuerdan lo que pasó con los nazis, y tienen miedo. Y repiten su mensaje.
Y naturalmente, se equivocan.
Porque es mentira.
El lobo no viene ahora, en este momento.
No puede venir, porque ya estaba aquí. Siempre ha estado aquí. Nunca se fue.

El lobo gobernaba España antes del 78. Ese año, lo maquillaron, lo hicieron pasar por perro fiel, y siguió gobernando. Hasta hoy.
Como pasó antes y después en tantos otros países.

Ya lo he dicho muchas veces. Ya lo he demostrado muchas veces.

Lo llaman democracia, y nunca lo ha sido.

Los parlamentos son una herramienta de la oligarquía económica -el lobo-, que sirve para anular al pueblo, manteniendo sometidos y dóciles a los pueblos a los que gobiernan y esquilman. Siempre fueron eso. Hasta hace 200 años, todo el mundo lo sabía.
Y los partidos políticos que ocupan esos parlamentos son -y siempre han sido- organizaciones cuya finalidad es canalizar la reacción popular hacia acciones inocuas para el poder -como votar-.
Los partidos, las elecciones, los “representantes”, impiden que el pueblo se rebele, se organice y actúe eficazmente para protegerse del lobo. 

¡Que viene el lobo, vótame, yo te salvaré!

Pues no, no nos van a salvar.
Todos los partidos políticos sirven al poder económico. Todos los que salen en los grandes medios de comunicación, al menos. Medios que sirven -son propiedad- de la oligarquía económica -el lobo-. Medios que seleccionan y dan protagonismo a un reducido grupo de partidos, que son los que pueden acceder a los gobiernos.

Al que no sale en la tele, no le votan.

No nos representan. Representan a los ricos, no a nosotros. Todos los partidos representan a los ricos. Ninguno nos representa a nosotros, el Pueblo.

Y sí, hoy, el lobo tiene unos servidores nuevos. El lobo muestra una marioneta nueva en su pata derecha. Y eso es malo.
Es consecuencia del deterioro social y económico que producen años y años de gobierno de la oligarquía económica. Cuando las cosas están ya muy mal, y van a ir a peor, aparece la extrema derecha.

Pero la solución no está en sus urnas, sus parlamentos, sus instituciones. La solución no está en votar a la marioneta que tiene el lobo en su pata izquierda.

VOX es el lobo, claro que sí. Y el PP lo es. Y C's. Y el PSOE.
Pero la otra marioneta de su mano izquierda... ¡también es el lobo! UP, sí, UP, también es el lobo*.

¿Cómo vamos a protegernos del lobo siguiendo el camino que nos marca el propio lobo?

Tenemos motivos para preocuparnos. Hoy más que hace 30 años, más que hace 20, más que hace 10... porque las cosas están peor. Y van a seguir empeorando.
Pero de nada sirve actuar sin conocimiento. De nada sirve hacer más fuerte al lobo alimentándolo con lo que quiere el lobo -votos-.

Y sí, por supuesto, de nada sirve no hacer nada. Es obvio.

¿Tenéis miedo del lobo? Pues organizaos y protegeros de él. Organizaos y combatidlo. Organizaos y construir, para vosotros, para vuestros hijos, un mundo mejor, un mundo justo, un mundo seguro.

Pero para no fallar, como los vecinos del cuento, tenéis que saber. Enteraos de quién es el lobo realmente. Enteraos de cómo se combate a este lobo. Enteraos de cómo se vence a ese lobo.
Es fácil. También lo he dicho ya millones de veces.
El camino a seguir se llama democracia. Pero la de verdad. La que nunca hemos tenido.

Sabiendo eso, es más fácil no fallar. Es más fácil no dejarse engañar. Y no desviar la atención del verdadero enemigo.

Dad un paso atrás. Abrid bien los ojos. Dejad de mirar las marionetas. Mirad al lobo que las maneja.

¿Lo veis? ¿No?

Pues mirad mejor. Informaos. Leed. Contrastad la información.

El lobo no viene. Siempre ha estado aquí. Nunca se fue. 

Lo llaman democracia, y nunca lo ha sido.


* Cuando VOX no era nadie, allá por 2014, el lobo comenzó a darle difusión en sus medios. Pero ese año el lobo tenía a otro partido más que promover. Aquí, ambos partidos siendo lanzados en una entrevista con una de sus propagandistas estrella.

Marioneta pata derecha, marioneta pata izquierda.

jueves, mayo 03, 2018

Radicales o necios

Imaginémonos una situación cotidiana de la vida real.
Una persona, puede ser cualquiera de nosotros, que viene sufriendo algún dolor, molestia o cansancio anormal, acude a su médico, le hacen pruebas, y llega el diagnóstico, y escucha algunas de esas palabras que nadie quiere escuchar: tumor; maligno; cáncer. Pero, dentro de lo malo, hay esperanza, le dicen, hay tratamiento, cirugía, quimio, erradicación total de la enfermedad. 
Aquí, sería lógico buscar una segunda opinión. Misma respuesta. El origen del mal está claro. El tratamiento, también.
Y entonces, y aquí llega lo sorprendente, esa persona, le dice al médico, no, mire, ese tratamiento es muy radical, con unos analgésicos para el dolor, unas vitaminas para el cansancio, ya me apaño, gracias.

Hay quien lo ha hecho, claro.
Pero no es normal. ¿Quién en su sano juicio actuaría así? ¿Quién en su sano juicio no le diría al médico, adelante con ello, y cuanto antes, mejor? ¿Quién en su sano juicio, incluso sabiendo que hay tumores de lento crecimiento que no van a llegar a causar daño nunca, incluso sabiendo que hay cánceres que no tienen tratamiento hagas lo que hagas, incluso sabiendo que te van a rajar el cuerpo con los riesgos que eso conlleva, incluso sabiendo que, en el mejor de los casos, la quimio te va a hacer polvo y te va a restar salud y calidad de vida durante meses, o años... quién en su sano juicio no le diría al médico, corte, queme, destruya, haga lo que sea, pero sáqueme eso de mi cuerpo?

Es la manera lógica y sensata de actuar para resolver un problema, de salud, o de cualquier otra cosa: buscar el origen del mal, la raíz del problema, la causa principal, y actuar ahí para solucionarlo.

Atacar la raíz del problema. De sentido común.

En estas situaciones, actuar sobre los síntomas, las causas secundarias, o sobre las consecuencias de la causa principal, no sirve de nada. Puede producir pequeños alivios temporales, que desaparecerán para dejar paso, puesto que no se trata la raíz del mal, a consecuencias y daños cada vez mayores.
Y así, hasta que el problema se haga irresoluble definitivamente. Hasta que nos reviente.

Y sin embargo, cambiando de ámbito, si no es una enfermedad de nuestro cuerpo, sino social... no actuamos así. Actuamos de una forma totalmente insensata. Sobre los síntomas, sobre las causas secundarias. No actuamos sobre la raíz del problema.
Miseria, inmigración, desempleo, pensiones, machismo, sanidad, educación, derechos humanos, represión, ayuda humanitaria al tercer mundo... los síntomas son todos gravísimos, la necesidad de actuar para paliarlos es incuestionable.
Pero... ¿por qué no actuamos sobre la raíz del problema? ¿Por qué no hacemos también el esfuerzo de acabar con la enfermedad que provoca todos esos síntomas? ¿Es que no es eso lo más importante? ¿Acabar con la enfermedad no acabaría, radicalmente, con todos los males?

Pero no. Lo radical es malo, lo dice la tele. El único camino posible es tratar los síntomas. Lo dice la tele. La reforma.
Aspirinas y vitaminas para tratar un cáncer maligno, el peor de todos, el que afecta a toda la sociedad.

Absurdo. Irracional. Nadie en su sano juicio actuaría así. Nadie en sus plenas facultades mentales actuaría así.

Pero lo hacemos. Lo hacemos mal.

Es necesario actuar sobre la raíz del problema. Ser radical.
Es lo sensato. De sentido común. De cajón.
Diga lo que diga la tele.
Ser radical es positivo. Es necesario. Es vital.

Yo soy radical. Actúo sobre la raíz de los problemas. De todos los problemas.

Capitalismo en lo económico. Representación en lo político. El cáncer.

¿La solución? ¿El tratamiento, la cura? Sólo puede existir una: la democracia.

O nos ponemos a ello, o nos ponemos a trabajar para erradicar, totalmente, la enfermedad, o malgastamos recursos y energías en tratar síntomas, conseguir pequeños alivios no duraderos, para que, al final, todo vaya cada vez peor.

Esa es la elección.



LO LLAMAN DEMOCRACIA, Y NUNCA LO HA SIDO.

La mayor estafa de la Historia. Los timados, nosotros.



Quien quiera entender, que entienda.

Corto, y cierro.